NAVIDAD: EL PODER DEL AMOR

NAVIDAD: El Poder del Amor

Isabella Di Carlo

 

Pienso en ti. Me solicitaron un artículo, elegí mi tema favorito y al llegar al teclado, mis dedos te escriben, les dejo. Después de todo, tu eres mi tema favorito.

La esencia de la Navidad es el amor, la esencia de la felicidad es el amor y tu aquel que me enseña ambas cosas, mis dedos saben mucho más que yo.

Me has enseñado bien, se que la felicidad verdadera es una felicidad estable, larga, plena, una felicidad que se queda. Sé que cuando finalmente la conquistamos recibe las cartas en nuestro buzón, viaja con nuestro pasaporte, come en nuestros restaurantes favoritos y trabaja en nuestras manos. Se queda.

¿Cuándo la conquistamos? ¿Cómo? Es más fácil el cuándo. ¿Recuerdas el diálogo entre el papa Julio II y Miguel Angel? "¿Cuándo estará terminado el techo? decía el papa mirando hacia los andamios..." "Cuando esté terminado" respondía el genio asomándose hacia abajo. Llega cuando el trabajo se ha realizado y se realiza a su debido tiempo.

¿Cómo? Muy fácil, entrando al Reino de los Cielos. El Reino de los Cielos nada tiene que ver con ir o no ir a misa, profesar una u otra religión, o ninguna religión, el Reino de los Cielos es un estado de consciencia, un paraíso interno. Su sustancia, la paz; su esencia, el amor; su método, la consagración. El Reino de los Cielos nada tiene que ver con las condiciones externas, es precisamente la libertad en relación a ellas. Es esa capacidad del corazón humano de dar significado a todo según su poder interno y así transformar el mal ... y así potenciar el bien...

¿El amor? Mmmm... que puedo yo decirte a ti del amor si tú eres corriente de su río, aroma de su campo, silencio en su silencio estrellado. Si observo mi vida veo que el viaje ha sido para mí más largo. En mi experiencia el amor es aquello que nos sana, nos expande, nos transforma y transforma nuestras relaciones contagiando, incendiando de formas sorprendentes la vida de vida nueva. Cuando nos ha transformado, cuando una paz profunda yace en nuestros sucesos, cuando comenzamos a ser un destello a semejanza Suya, él mira en nuestra mirada y nos mira en lo que vemos, acaricia en nuestras caricias, habla en nuestras palabras, sueña en nuestros sueños más locos y en nuestros silencios más alados.

Sé que comprendes mi necesidad de atrapar mis sentimientos con las redes de mis palabras, no tanto porque me has visto regresar a puerto feliz como los pescadores cuando llegan del océano, sino porque sientes la necesidad de liberar tus sentimientos con tu música. Hemos aprendido el uno del otro. ¿Me dejas hablarte del tiempo sagrado del nacimiento de Dios?

Sé que tu no nombras a Dios, se que crees que no crees en Él, se que la Navidad te parece una fecha más y cuando me ves conmovida, derretida, cuando decoro la casa, sientes que son cosas mías. Sin embargo te veo y Le veo en tus hechos siempre que ocurre algo importante. Dios amor, es otro nombre para el amor. Simplemente. Dios es ese impulso tuyo de ayudar, tu capacidad de postergarte cuando sabes que alguien está mal, tu capacidad de escucharte y ser fiel a tus sueños, tu fidelidad incondicional a tus amigos, tu creatividad, tu bondad sin fronteras, tu fuerza, tu sencillez.

Dios, el amor, es ese campo magnético radiante que permea todos los seres y las cosas. Esa consciencia totipotencial que cabalga por el campo cuántico, esa sustancia que llamamos el vacío, la que separa Tokio de Nueva York, la tierra del último cuásar y un átomo de nuestros huesos del otro.

Dios es la sustancia de la que estamos hechos, el viaje de nuestro cuerpo hacia nuestra consciencia de ser eternos y la eternidad que creó el anhelo.

La Navidad amor es un tiempo de infinito poder, un tiempo santo, un tiempo pleno. Es un tiempo para el silencio que nos permite la creación, recrearnos. Somos el techo, la pintura y las manos del genio a un tiempo, somos también el papa impaciente contabilizando el tiempo desde sus deseos, somos ese turista maravillado que un 24 de diciembre de 2012 elevó la mirada a la Sixtina y en ella vió su propio corazón abierto.

Yo mi amor, Le veo cuando te veo y Le siento allí donde tú estás, en mi pecho.

 

 

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